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La poesía no es sólo sueño y visión,es la arquitectura básica de nuestras vidas.Sienta las bases para un futuro de cambio,es un puente que cruza los temoresde lo que nunca ha sido antes.
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A veces huyo
A veces huyo
por intrincados caminos
construidos de palabras,
que me llevan
a los páramos de nadie.
Durante breves momentos
siendo este precario puente
hacia los otros,
con las palabras
que me crecen como ramas
en la boca,
y me sacan
de mi silueta
de animal desnudo.
Desde esta orilla solitaria
agito mis palabras mínimas
como banderas blancas
entregadas a un sueño,
y por algún tiempo
logro fugarme
en las palabras,
hermosas.Carmen Matute
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Flores de otro mundo
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No sé
Ana María Iza
No me encuentro no me hallo
no sé
No me resisto
debe ser el calor talvez el frío
No me trago no me paso
parezco mi enemigo
Me pregunto por mí si alguien me ha visto
Jim Morrison me alcanza
con su disco irrompible
Quisiera pedir disculpas
sentarme en la última banca
apagarme como foco
tirar en el ring la toallaNo sé qué hacer con usted
dónde esconderle
No sé sí me comprende pero sé que me rabia
No sé sí me bebe entera con el vino
No sé sí usted me escupe
y le caigo en la cara -
Tú, el testimonio
De: Serafina Núñez (fragmento)
Poesía;
vienes a soliviantar mis huesos,
a cavarme,
a darme este vestido desusado
de habitante
de los cuatro puntos cardinales.
Aérea giras
mirando siempre al norte de ti misma.
Tú, el testimonio.
La brisa que escribe en la hierba
el testamento de las flores;
el trébol que dibuja el cristal del universo;
el ciervo que moja de ternura los bosques.
La espuma y la ola, la ceniza y el rocío. -
El cuento de despedida
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Oda a una pelea de almohadas
Escombrando papeles di con este poemita escrito hace más de 15 años. Seee, está un poco dulzón, pero tiene su gracia. :-)
Esta suave almohada
entre mis hermanas
es una gallina
clueca y descarada.
Entre cama y cama
como en las trincheras,
cruzan proyectiles
de gordas plumeras.
Feroz es la lucha
y es un gallinero
el cuarto en la noche
¡cálida! de enero.Son gestos fraternos
estos almohadazos
y los gritos locos
son tiernos abrazos.
Un último golpe,
la casa alarmada
la última gallina
vuela despeinada.
Se apagan las luces,
y duerme la casa
y vuelve a ser suave
¡Y dulce! mi almohada. -
María José y Zombies: Lo que no puedo decir pero puedo escribir
Para Carlos, Lorena y Carmen María, que no me dejan huir de mis propias palabras.
Era una muestra de la Cineteca Nacional, un ciclo con las mejores películas extranjeras del año o algo así. El grupo que asistía a las funciones era más o menos el mismo. Cabía en una sala todo el público…
Posted on August 15, 2011 via María José y Zombies with 2 notes
Source: mjyzombies
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Un poema
Por: Oche Califa
Falta un poema que no quise escribir.
Falta otro poema que no pude escribir.
Falta un tercer poema que escribí y no me gustó.
Falta un cuarto poema que no me dejaron escribir otro poema, una mirada, un llamado telefónico y las ganas de dormir.
Pero me gustaría que cuando alguien abra este libro por segunda vez diga:
“Me parece que aquí falta un poema que yo leí la primera vez que lo abrí.
Seguro que arrancaron la hoja.
Ahora no recuerdo que decía… ¡Pero era hermoso!”. -
¿Quién menosprecia la escritura? ¿Cómo la menosprecia?
Por: Víctor Hugo Vázquez Rentería
De entrada, los amigos, los conocidos. Cuando se sabe que alguien ha publicado un libro no falta el acomedido o la acomedida que dice: “Ya supe que publicaste un libro, a ver cuándo me lo das ¿eh?” O bien el infalible reclamo: “Oye, no me has dado tu libro”. Como si al amigo o amiga que tiene una carnicería o un almacén de ropa le dijeran: “Oye, a ver cuándo me regalas medio kilo de filete”. O “Ya vi que te llegaron unas blusitas sisadas, a ver cuándo me das la roja”. Hasta inapropiado nos parecería ¿cierto?
Se piensa también que un cuento, un ensayo, una reseña o un poema no son trabajo. No pocos diarios de la localidad pueden dar cuenta de eso, pues prác- ticamente ninguno paga las colaboraciones, fuera de los salarios del equipo de reporteros y columnistas. Ante esto, muchas veces, quien escribe se arredra.
Cuenta Ray Loriga, joven escritor español, que el norteamericanoJ ohn Cheever se levantaba todas las mañanas, se ponía un traje de tres piezas, cogía un maletín y llevaba a sus hijos a la parada del autobús en el Upper West Side de Manhattan. Después de despedir a los críos con la mano, volvía a entrar en su edificio, pero en lugar de subir a su piso, bajaba a un pequeño cuarto junto a las calderas en el que había puesto una mesita y, sobre ésta, su máquina de escribir. Una vez allí, se quitaba el traje y escribía en calzoncillos, el calor de las calderas así lo exigía, hasta que los niños volvían del colegio. Entonces se vestía de nuevo, agarraba su maletín vacío e iba a la parada del autobús a recogerlos. Día tras día, Cheever fingía tener un empleo y una oficina y una posición que no tenía. Le avergonzaba confesarles a sus hijos que en realidad no era más que un escritor.
http://www.uv.mx/lapalabrayelhombre/15/contenido/palabra/clara/PC1/articulo1.html
